-Mi trabajo es algo terrible. En otros tiempos era razonable; apagaba el farol por la mañana y lo encendía por la tarde. Tenía el resto del día para reposar y el resto de la noche para dormir.
-¿Y luego cambiaron la consigna?
-Ese es el drama, que la consigna no ha cambiado -dijo el farolero-. El planeta gira cada vez más de prisa de año en año y la consigna sigue siendo la misma.
-¿Y entonces? -dijo el principito.
-Como el planeta da ahora una vuelta completa cada minuto, yo no tengo un segundo de reposo. Enciendo y apago una vez por minuto.

Hace unos mese que, coincidencia, Japón vuelve una y otra vez a mi vida. Y eso que, lo reconozco, no tengo demasiada afinidad con las culturas orientales. Pero es cierto: lo que estamos escuchando desde el 11 marzo pasado, no puede no hacerte temblar el alma.

No pienso buscar las palabras para expresar algo al respeto: no existen palabras lo bastante buenas, no hay palabras bastante grandes para que mi opinión aporte aquí nada más útil de lo que cada uno de nosotros encuentre en su corazón.

Prefiero ir atrás en el tiempo y recordar una lectura, un libro de Alessandro Baricco, un escritor que sí sabe encontrar buenas y grandes palabras. Tan atrás en el tiempo, hasta la segunda mitad de 1800, cuando viajar a Japón era viajar hasta el final del mundo.

Se trata de Seda. Seda es un cuento que se lee en una hora, todo seguido y sin respirar. Es un cuento que pude leer cuando se publicó, a finales de los ’90 y que volví a saborear el año pasado.
El protagonista ‘asiste’ a su propia vida sin ninguna ambición de ‘vivirla’, hasta que los eventos le llevan a viajar a otro mundo, enfrentándose a un largo viaje, peligros y dificultades.
Al final de su viaje encuentra no solo lo que andaba buscando, sino también algo que no esperaba, algo que le hará volver una y otra vez.

Es la eterna lucha entre la vida que tenemos y las que quisieramos. Lo desconocido y prohibido contra lo habitual y familiar.
Puedes encontrar todo tipo de comentario sobre este cuento: no suele gustar a todo el mundo. A muchos les parece superficial, vacío e incluso decepcionante. Para otros es una historia apasionante, romántica y sensual.

Quizás la historia no sea lo que cuenta en Seda, quizás lo que le da fuerza, si no fuera suficiente el talento de Baricco, es la representación de los destinos de los personajes: el destino juega con nosotros y con nuestros deseos. El destino a veces misterioso, otras pícaro.
Existe un mensaje?
Supongo que, como siempre, el mensaje esté en cada lector: por eso no me atreví a ver la película que se hizo, inspirada en el cuento de Seda. La interpretaciones que damos a los libros, a menudo chocan con las versiones cinematográficas.

Quizás me quede con la imagen de Japón, como el lugar de los sueños, el lugar que saca a los hombres fuerzas que no pensaban tener, el lugar de la vida y el país de una gran historia, preciosa como la seda.

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“Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme?”  (dijo la flor… ‘El Principito’)

Las mariposas son ligeras, silenciosas…son grandes viajeras, pero a su paso no dejan huellas. Sí algunos efectos, todos positivos.

Con esta imágen de viajeras discretas y respetuosas nos hemos quedado Laura  (Viaje al Atardecer) y yo cuando empezamos a hablar de una idea…el embrión de un proyecto que tomó forma y existe a partir de hoy gracias a Antonio, el verdadero propulsor.

Mariposas en la maleta” forma parte de ‘algo más grande’: un multisite que incluye Blogpocket, el primogénito de Antonio (que celebra este año sus 10 cumpleaños) y Acordes Modernos (un Blog que aconsejo por su originalidad, si te gusta el mundo de la música). Y es posible que la familia siga creciendo.

Mariposas en la maleta” es el lugar donde podrás encontrar noticias relacionadas con Turismo sostenible, con Turismo responsable, el lugar donde juntamos ideas y sugerencias para viajar sin dejar huellas, el lugar donde juntos aprendemos a ser buenos viajeros y mejores personas.

Todo esto de un punto de vista humilde, sin la pretensión de ser expertas del tema y, sobre todo, sin querer convertir el viaje en la renuncia a la comodidad y al disfrute, sino aportando pequeñas ideas basadas en el respeto de las personas, de las culturas, de las economías locales y del medio ambiente. 

Hace meses hablaba aquí en Asteroide B612 de la afinidad del turismo sostenible con ese concepto tan importante que nos transmite la lectura de El Principito: ‘Lo esencial es invisible para los ojos“. Os invito a seguir ‘Mariposas en la maleta’ para que juntos consigamos hacer cada vez más visible lo esencial. 

Colaboran en el proyecto otro gran mentor para mí, Egoitz y también Jesús poniendo a nuestra disposición su galería de fotos. Muchas gracias a los dos!!

“Sólo vivir no es suficiente”, dijo la mariposa. “Uno necesita un poco de sol, de libertad, y alguna pequeña flor” Hans Christian Andersen

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Preguntó al geografo: “¿Qué planeta me recomienda visitar ahora?” Este le respondió:”El planeta Tierra. Tiene buena reputación” – El Principito (Antoine de Saint-Exupéry)

Ultimamente, en el trabajo y entre conocidos, hemos estado refexionando mucho sobre las motivaciones que nos empujan a planear un viaje.

No hace falta mucho para sugerir la idea de un viaje. Cuando alguien me cuenta una anécdota de algo que le pasó en algún lugar, pais o ciudad que no conozco, si lo que me cuenta me llama la atención, esa curiosidad crear en mí cierta expectativa y se convierte en el principio de lo que podría ser para mí un plan de viaje.

Mientras estaba completamente sumergida en este tipo de pensamientos y a punto de empezar el maratón de Fitur, me llegó una invitación inesperada: Alfredo pensó que podría ser interesante para mí acompañarle a un encuentro de empresarios. Creo que ese tipo de encuentro lo llaman ‘Learning’. Puntualmente suelen invitar a personajes expertos en alguna temática, que les pueda aportar conocimiento útil en sus propios negocios, como personas y en sus entornos familiares.

En esta ocasión, el invitado de honor era Luis Goytisolo, cuya intervención tenía la finalidad de transmitir como ha desarrollado y esta desarrollando su experiencia personal y profesional a partir del impulso viajero que tenemos algunos desde la infancia.

Ha sido un encuentro realmente interesante y enriquecedor. Ya han pasado unas semana y sigo dándole vueltas al tema de la motivación. Y no dejan de aparecer ante mí temas relacionados. Quizás a Alfredo le pasara lo mismo, puesto que a los pocos días publicó e el Blog de Nomaders la entrada ‘¿Qué nos motiva a escoger el destino de nuestros viajes?‘, donde nos cuenta un episodio de lo más curioso y peculiar.

En mi vida, por ejemplo, la motivación ha surgido a menudo de la lectura de alguna obra literaria. Este tema salió también en el encuentro con Goytisolo y no podía ser de otra manera. Se me ocurren decenas de libros, entre ellos los clásicos de la literatura de viaje, como pueden ser las obras de Chatwin o libros tan idolatrados como ‘On the Road’ de Kerouac, pero no solo.

Hasta he llegado a pensar que mi guía de viaje ideal sería una mejora de la Lonely con sugerencias sobre lecturas literarias relacionadas con el destino elegido…o es que las guías de viaje están destinadas a desaparaecer?

Las razones sobre porqué viajar suelen ser muy personales, aun así, se han hecho muchas hipótesis sobre el tema y de eso he estado leyendo mucho: afirmaciones muy interesantes, otras muy criticables. Personalmente me quedo con ese cosquilleo que cada adicto a los viajes sentimos al entrar en un aeropuerto, en una estación de tren…esa curiosidad que nos invade siempre que alguien nos cuenta de sus viajes, cuando leemos un Blog, un libro, que hace volar nuestra imaginación….Me quedo con la emoción inesplicable que sentimos al preparar la maleta, sea cual sea el destino.

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“Dentro de 20 años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las cosas que sí llegaste a hacer. Así que suelta amarras. Sal a todo trapo de la seguridad de esta bahía. Hincha tus velas con vientos de cambio. Explora. Sueña. Descubre.” Mark Twain

Ayer escuchaba una psicologa que estaba hablando de los resultados de un estudio sobre los sueños y el porcentaje de personas que, a lo largo de su vida, conseguimos realizarlos, hacer lo que siempre hemos soñado.
Un porcentaje tristemente pequeño.

La primera dificultad está en saber cuál es tu sueño, qué es lo que sueñas ser en la vida…qué fácil!
Fácil sería -decía ella- que al llegar al mundo nos dijeran:
“Hola! acabas de recibir el don de la vida y…cuéntanos: qué vas a dar tú a los demás? Cuál es tu don y qué harás en la vida?”
Tendríamos así, desde el primer momento, las ideas muy claras.

Como esto no suele ocurrir así, pues hay que esforzarse un poco más. Y es así como acabamos haciendo listas sin fin de grandes propósitos que, la mayoría, solo raras veces cumplimos.

Desde muy pequeña he descubierto que me encanta dibujar.
Tuve la misma mala suerte que Saint – Exupéry

Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. …Tuve, pues, que elegir otro oficio… (El Principito)

Aun así, allí está, en mi listado de cosas pendientes: recuperar el tiempo perdido y volver a pintar más a menudo – realmente no lo dejé a los 6 años ;)

Hace meses, justo antes de mis vacaciones de verano, descubrí algo muy curioso que me encantó: el Urban Sketchers.

Es un colectivo de artistas en todo el mundo que dibujan las ciudades donde viven y los sitios adonde viajan.

No pude evitar de pensar en Bruce Chatwin y su Moleskine (To lose a passport was the least of one’s worries: to lose a notebook was a catastrophe) y de repente lo he visto claro: los viajes y el dibujo no son dos de mis pasiones. Son dos facetas de la misma.

La semana pasada, disfrutando de unos maravillosos momentos en el Museo Thyssen, sonreí escuchando a nuestra guía cuando nos hablaba de la crisis de la pintura al nacer de la fotografía.

Otro arte que admiro. Pero el dibujo es de igual manera, robar un instante a la realidad…pero sin prisas. Tomarte el tiempo de disfrutar lo que estás viendo. Hacerlo tuyo. Viajar despacio.

Así he descubierto también, que se organizan verdaderas quedadas de Urban Sketchers, que hay material de dibujo específico para practicar este arte…y que hay verdaderos artístas camuflados entres las personas que tenemos alrededor!

Urban Sketchers en Flickr

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Este verano he estado viajando hacia Italia de una forma algo diferente: en lugar de subirme a un avión en Madrid y dejar que fueran a buscarme al aeropuerto de Bolonia o Venecia, he preferido organizar una ruta en coche y disfrutar de la carretera.

Mirar desde la ventanilla, ver pasar los kilómetros debajo de tí: no hay comparación.

Aunque a la ida el clima no nos haya acompañado demasiado, el viaje ha sido una suma de descubrimientos: no me refiero solo a paisajes, pueblos, idoma y gastronomía. Viajar te permite descubrir también cosas de ti mismo que todavía no sabías, y facetas de tus acompañantes (positivas y negativas): es una forma más de convivir.

No voy a contar aquí la ruta, ni daré sugerencias sobre lo que habría que ver en el camino entre Madrid y Ferrara. Solo me gustaría recoradr algunos rincones que me han robado el corazón…a veces han sido espacios muy grandes, o pueblos enteros. Otras veces han sido pequeños mundos dentro de otros más grandes o, incluso esquinas, imágenes que he robado en alguna foto, contrastes de colores.

 

Comenzaré con un lugar que descubrimos ya en la ruta de vuelta. Nada más cruzar el paso de Monginevro (entre Italia y Francia), paramos a visitar Briançon: se nos escapó a la ida, porque nos habíamos retrasado en Savines-le-lac (otra joya) y no teníamos pensado pasar de largo en esta ocasión.

Una idea muy acertada, desde luego.

Briançon es la segunda ciudad más alta de Europa (1.350 metros) y se divide en dos partes: la ciudad fortificada y la parte más moderna, repleta de Hoteles de la estación de esquí.

Estuvimos visitando solo la primera y ha sido toda una sorpresa: he colgado aquí algunas fotos. Las pequeñas tiendas son las que más me llamaron la atención…y una entre todas.

Se trata de una tienda de juguetes ‘Jouons au bois’. Entras y es como volver a otra época, cuando los juguetes eran principalmente de madera y pocos materiales más. Es la tienda perfecta para ese lugar tan especial.

 

No pude evitar comprar algunas cosas y eso me dió la oportunidad de charlar con la dueña (Briançon queda tan cerca de Italia y recibe tantos turistas italianos, que casi todo el mundo allí es capaz de conversar en italiano):
casi todos los productos son de producción local y los que no lo son, los compra a empresas de Tailandia que participan en proyectos de ayuda. Me explica que hay empresa que invierten un porcentaje de lo que ganan de la venta de juguetes en escuelas para los hijos de sus empleados.

Cuando llega el momento de pagar, me dice que no tiene bolsas de plástico ni de papel: solo puedo comprar una bolsa de tela si lo quiero. En esa tienda no venden ni utilizan ningún producto que sea de uso único, es decir solo venden objetos que se puedan volver a utilizar muchas veces. Mis compras me las llevé envueltas en papel reciclado.

Reconozco que esa visita a un pueblo perdido en los Alpes, me hizo reflexionar mucho sobre lo que cada uno podemos hacer para mejorar la relación que tenemos con nuestro planeta. A veces son pequeños gestos, que no nos suponen demasiado esfuerzo. En otros casos pueden convertirse en una filosofía de vida.

“Es una cuestión de disciplina, – me decía más tarde el principito -. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta.” (Cap. V)

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Si esperas encontrar aquí alguna sugerencia sobre Hoteles de lujo, destinos de ensueño o planes de viaje llenos de grandes comodidades…siento decepcionarte, pero mi pequeña reflexión de hoy va de otro tipo de lujo.

El lujo de perder tiempo.

Si incluso en el día a día necesitamos, de vez en cuando (y nos permitimos) momentos de ‘stand by’, qué mejor momento para parar, que el paréntesis de un viaje?
Tómate el tiempo de disfrutar de un lugar, permítete el lujo de no tener nada que hacer.

Demasiadas veces estamos fuera, para estudiar, para trabajar, y nos dejamos llevar por el ritmo de nuestros compromisos, por la costumbre de ir corriendo a todas partes.
Incluso cuando estamos de viaje: nos marcamos unas rutas imposibles, queremos verlo todo de una ciudad en un par de días, nos desplazamos casi siempre en avión, simplemente materializándonos en otro lugar, sin disfrutar realmente del desplazamiento, vivimos los días de vacaciones con el agobio del inevitable countdown marcado por la fecha de nuestro regreso a casa…

Nos acompañan las prisas, pero no tiene porqué ser así.
¿Qué puede pasar si te vas por las calles, disfrutando de lo que tienes alrededor, sin un plan determinado?
Como mucho puedes quedarte con la sensación que de esa determinada ciudad te queda todavía mucho por ver.
No es lo que sentimos todos, de vuelta de un viaje?
Eso nos pasaría de todas formas.

Entonces concédete el lujo de sentarte en un banco, frente a la playa, o en una plaza llena de gente, mientras todo acontece delante de tus ojos.

En uno de mis muchos viajes a Venecia (no el primero: esa vez yo también quise comerme la ciudad de un bocado), me dediqué a perderme por las calles, fuera de la ruta habitual, esa bien indicada por unas clarísimas flechas que te persiguen…por si se te ocurre desviarte. Las mismas que te obligan a comer en Restaurantes carísimos o a comprar absurdos recuerdos que acabarás tirando a la basura.

No sabía muy bien dónde estaba, ya se acercaba la hora de comer y nos dejamos llevar por el olor que llegaba de la cocina de algún lugar cercano. Fué así como descubrí una trattoría cuya terraza no era otra cosa que la calle misma, poco más ancha que las mesas, pegada a unos de los muchos canales.
Nos sentamos y la gente que paseaba por allí tenía que pasar de lado entre nosotros y la pared del restaurante, la carta ofrecía lo que el dueño había encontrado en el mercado por la mañana, solo pudimos pedir el vino de la casa porque no había otra opción…pero en ese momento el sol acariciaba los geranios rojos de la barandilla, una góndola pasaba a mi lado, no tenía ninguna prisa de seguir camino y todo era absolutamente perfecto.

Eso sí: no tengo ni idea de cómo podría volver alguna vez a dar con ese lugar. Pero cada vez que pienso en Venecia, lo primero que viene a mi cabeza, no es la Plaza San Marco, ni el Ponte de Rialto, sino ese momento que he compartido con los 10 desconocidos que ocupaban las pocas mesas de esa Trattoria.

Un lujo muy barato y al alcance de todos aquellos que renuncian a las prisas y eligen el placer de observar, ver, escuchar, entender…y vivir un destino.

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Faltan pocas semanas para el estreno español de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, una película que vuelve a traer a la actualidad el tema de los viajes al mundo de la fantasía.

Ese mundo existe respondiendo a la profunda necesidad de cada persona, de no contentarse totalmente con su vida : todos queremos imaginar otras posibilidades de ser o elegirnos a nosotros mismos, en otras circunstancias.
Cualquier niño en sus juegos crea mundos propios, donde sus juguetes cobran vida, donde todo es posible con tan solo desearlo y donde el tiempo transcurre con un ritmo distinto.

Los cuentos, las aventuras, los mitos y las leyendas, sean de la literatura o del cine, no dejan de ser formas de hacer asequibles a los niños las grandes preguntas y paradojas de la vida. Aunque muchas veces no están destinada a los niños, como es el caso de Alicia, un cuento lleno de símbolos y metáforas

Para ayudarnos a llegar al mundo de la fantasía está la fuerza mágica de la lectura, que nos seduce y nos atrapa con el poder de las palabras.
Con las palabras no solo comunicamos: las palabras son capaces de desatar nuestra imaginación, evocar emociones, hasta han provocado revoluciones.
Las palabras expresan ideas, juegan con la ironía y declaran promesas de amor, de allí su poder.

Prepararse para viajar a la fantasía supone un esfuerzo mayor o menor según la imaginación de cada cual a la hora de leer un cuento:
Fantasía suele ser un mundo pintoresco e incoherentee, incluso inquietante, donde se niega la realidad y donde todo es posible. Es eso lo que proporciona seguridad y esperanza.
El país de Fantasia siempre mantiene la promesa de un final feliz!

Viajar a la fantasía para los niños (y para todos) puede ser una forma de descubrir las respuestas a sus preguntas y preocupaciones y un incentivo para afrontar y dominar los obstáculos, como hace el héroe del cuento.

Además de ayudar a conocerse a sí mismo.

-¿Quién eres tú?
-Ya no lo sé, señor, he cambiado tantas veces que ya no lo sé. (Alicia)

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Esta frase de Hermann Hesse (“Motivos para partir no faltan nunca” – El Viandante) se ha convertido para mí en una certeza desde que la leí hace ya unos 20 años atrás.
No sé si la necesidad de viajar es un instinto natural o nos viene luego, junto con la educación que recibimos. Es algo muy personal, conozco a gente que solo la sintió ya mayor y otras personas que no saben lo que es.

Yo, desde luego, me puse en marcha con la primera oportunidad que tuve. Todo explotó a raiz de mis primeros viajes en solitario. Necesidad de los estudios, que marcaron mi formación personal y profesional.

La experiencia de viajar nos cambia de forma más o menos profunda, pero no tiene porque ser siempre ‘el viaje de tu vida’: es suficiente un fin de semana en una capital européa o cualquier otro lugar que no hemos conocido con anterioridad.

Si tenemos un mínimo de curiosidad, cualquier viaje nos acaba aportando algo; algo muy personal, porque cada uno de nosotros vuelve con sus recuerdos particulares, diferentes incluso de los de las demás personas que estaban allí.

El placer que el viajar nos proporciona no es en función de la distancia que hay que recorrer para alcanzar el destino: son suficientes el interés. la paciencia (porque viajando SIEMPRE hay imprevistos) y la mente lo bastante abierta como para comprender que conocer otros lugares y otras persona es la mejor forma de conocer a uno mismo.

Sin embargo, cuando oragnizamos una escapada o un viaje largo, necesitamos informaciones y datos más concretos. Empezando por respuestas a preguntas como:
¿Cómo puedo elegir el destino? ¿es buena elección para la época del año en la que puedo viajar? ¿encaja con mi presupuesto?

Conceptos definitivamente meno poeticos, pero fundamentales y difíciles de aclarar sin la ayuda de amigos que hayan estado con anterioridad.
Hace un par de años encontré ese grupo de amigos, que comparten mi misma pasión, la idea del viaje como experiencia y aula al aire libre y, sobre todo la vocación a faciltar la complicada tarea de organizar un viaje. Y, más aun, el deseo de que todo viaje acabe con historias que merezcan la pena ser contadas a la vuelta a casa.

De ese encuentro ha nacido mi participación en un proyecto enriquecedor y complicado a la vez.
Ha empezado para mi un viaje más.

En el fondo todos somos verdaderos viajeros.

“Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!”

(El viaje, Ch. Baudelaire)

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Hace unos días, volviendo de una cena con un querido amigo (en la que acabamos hablando de como a veces nos dejamos llevar hacia vidas que no se parecen mucho a las que soñábamos para nosotros y de la necesidad de retomar nustro rumbo) encontré encima de la mesa del comedor este dibujo: un regalo que me había dejado mi hijo de 4 años antes de acostarse, como bienvenida.

Unos días antes, su profesora nos hizo llegar una nota en la que nos comunicaba: “Alessandro escribe su nombre en mayúsculas”.
Viendo el dibujo, pensé que era cierto y me dispuse a interpretar la parte de abajo. Pensé: seguro que quería dibujarme una flor. Yo siempre le pido que me dibuje flores: él sabe que me encantan flores y plantas.

Guardé la libreta.

Cuando hablé con él y quise agradecerle el regalo, le comenté que me había hecho muy feliz y que cuando quisiera podía acabar mi flor para que me la llevara a la oficina.

Él me miró y realmente no sabía de qué le estaba hablando.
Le enseñé la libreta.
Y él me dijo: “Mamá, el dibujo está acabado. Es un perla pequeña. A las chicas os gustan las perlas pequeñas, verdad?”

Aquí tengo mi dibujo para mirarlo cada vez que, como todas las personas mayores, deje de ver la serpiente boa que digiere a un lefante y solo vea un sombrero.
Y también porque no siempre consigo transmitir con mi trabajo esa idea de viajar que llevo dentro, pero no por eso debo dejar de intentarlo. Pero esto ya lo contaré otro día.

“Las personas mayores me aconsejaron dejar de lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas, e interesarme en cambio en geografía, historia, matemática y gramática. Es así como abandoné, a la edad de seis años, una magnífica carrera de pintor. Había sido desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y de mi dibujo número 2. Las personas mayores no entienden nunca nada por sí mismas, y es cansador, para los niños, darles una y otra vez explicaciones.” (El Principito)

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El turismo es una fuente de ingresos muy importante para el crecimiento y desarrollo de la economía de un país, sin embargo puede provocar un impacto socioeconómico, ambiental y cultural negativo para la sociedad que le recibe.

Cada día se escucha más el concepto de turismo responsable o sostenible. Se trata de un turismo que se desarrolla en el respeto del ambiente y de las culturas, y actúa basándose en principios de justicia social y económica.

El verdadero protagonista del turismo responsable es la comunidad local, no el viajero que la visita.
Estoy convencida que no existe el viajero ‘malo’ sino que el verdadero problema son los viajeros que no están informados.

Trabajando más de 7 meses en los Cayos del Norte de la isla de Cuba, por ejemplo, tuve que enfrentarme con muchas situaciones desagradables que, con muy pocas normas, se podrían facilmente evitar.

Ser un turista responsable no es sinónimo de sufrir, viajar incómodo, comer fatal o…incluso, hacerse cargo de todas las desgracias del mundo!!!

Puedes ser responsable y disfrutar de unas vacaciones maravillosas.

Aquí van unos pocos consejos para viajar sin dejar huellas. Recomendaciones para un turismo sostenible.

ANTES DEL VIAJE:

  • Busca toda la información que puedas sobre el País que visitarás: Historia cultura, economía, naturaleza, religión, comida…No me digas que no tenemos bastantes fuentes para ello!! Si te gusta aprender idiomas, no estaría demás hacerte con algunas expresiones básicas.
  • Siempre que sea posible, busca Tour Operadores y hotels que operan en el respeto de la comunidad y del medioambiente.

EN EL VIAJE:

  • Siempre que tus vacaciones sean un encuentro con culturas diferentes (casi siempre lo son, aunque te quedes en tu propio País), intenta adaptarte a las costumbres del lugar, sin imponer las tuyas.
  • Que hayas pagado (a veces mucho) para realizar tu viaje, no te da derecho a ofender o ser arrogante. Infórmate bien sobre las costumbres, como las propinas, etc.
  • La ropa: si visitas algún lugar sagrado, respétalo. No presumas de ropa y de tus posibilidades si contrasta mucho con el tenor de vida del lugar.
  • Souvenirs: si apoyas el artesanato y los productos locales, te llavarás recuerdos preciosos con la tranquilidad de haber ayudado el pueblo que has visitado. Antes de regatear, infórmate de las costumbres.
  • Siempre que puedas, utiliza los servicios (restaurantes, transportes, etc) gestionados por la gente de allí: esto te permitirá de conocerles mejor y contribuir a su bienestar económico.
  • Que tus huellas solo sean buenos recuerdos: nada de pinturas, escritas, basura. No recojas nada del los sitios arqueológicos o perjudicial para la naturaleza, solo para llevarte un recuedo original. No compres productos elaborados con plantas o animales en riesgo de estinción.
  • Cuidado con las zonas protegidas: no te alejes de los caminos marcados, para no molestar a los animales o estropear a las plantas. Mejor si las visitas en pequeños grupos y acompañados por algún guía del lugar.
  • Como en tu casa, cierra los grifos y apaga luces y aire acondicionado antes de salir de una habitación.
  • Si quieres tomar una foto a alguien, recuerda que las personas no son parte del paisaje y no sobra pedir permiso para hacerlo.
  • Disfruta de la comida con curiosidad y no busques tus platos habituales: para eso tienes todo el resto del año. No puedo olvidar lo molestos que estaban los turistas italianos en Cuba, en la época de Navidad, porque los ‘panettoni’ se quedaron bloqueados en aduana y llegaron solo para Nochevieja :(
  • Nunca olvides que NO existen pueblos orientados a la prostitución. Que el consentimiento por parte de los menores no es relevante. Que las familias, la policía y los trabajadores de los Hoteles la encubran y favorezcan no es excusa.

DE VUELTA:

  • Reflexiona sobre lo que has vivido y conocido: si te has comprometido en enviar fotos, postales o algún pequeño favor, NO LO OLVIDES.
  • Si te has chocado con situaciones graves o intolerables, siempre tienes la opción de denunciarlas.

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