“Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme?”  (dijo la flor… ‘El Principito’)

Las mariposas son ligeras, silenciosas…son grandes viajeras, pero a su paso no dejan huellas. Sí algunos efectos, todos positivos.

Con esta imágen de viajeras discretas y respetuosas nos hemos quedado Laura  (Viaje al Atardecer) y yo cuando empezamos a hablar de una idea…el embrión de un proyecto que tomó forma y existe a partir de hoy gracias a Antonio, el verdadero propulsor.

Mariposas en la maleta” forma parte de ‘algo más grande’: un multisite que incluye Blogpocket, el primogénito de Antonio (que celebra este año sus 10 cumpleaños) y Acordes Modernos (un Blog que aconsejo por su originalidad, si te gusta el mundo de la música). Y es posible que la familia siga creciendo.

Mariposas en la maleta” es el lugar donde podrás encontrar noticias relacionadas con Turismo sostenible, con Turismo responsable, el lugar donde juntamos ideas y sugerencias para viajar sin dejar huellas, el lugar donde juntos aprendemos a ser buenos viajeros y mejores personas.

Todo esto de un punto de vista humilde, sin la pretensión de ser expertas del tema y, sobre todo, sin querer convertir el viaje en la renuncia a la comodidad y al disfrute, sino aportando pequeñas ideas basadas en el respeto de las personas, de las culturas, de las economías locales y del medio ambiente. 

Hace meses hablaba aquí en Asteroide B612 de la afinidad del turismo sostenible con ese concepto tan importante que nos transmite la lectura de El Principito: ‘Lo esencial es invisible para los ojos“. Os invito a seguir ‘Mariposas en la maleta’ para que juntos consigamos hacer cada vez más visible lo esencial. 

Colaboran en el proyecto otro gran mentor para mí, Egoitz y también Jesús poniendo a nuestra disposición su galería de fotos. Muchas gracias a los dos!!

“Sólo vivir no es suficiente”, dijo la mariposa. “Uno necesita un poco de sol, de libertad, y alguna pequeña flor” Hans Christian Andersen

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Este verano he estado viajando hacia Italia de una forma algo diferente: en lugar de subirme a un avión en Madrid y dejar que fueran a buscarme al aeropuerto de Bolonia o Venecia, he preferido organizar una ruta en coche y disfrutar de la carretera.

Mirar desde la ventanilla, ver pasar los kilómetros debajo de tí: no hay comparación.

Aunque a la ida el clima no nos haya acompañado demasiado, el viaje ha sido una suma de descubrimientos: no me refiero solo a paisajes, pueblos, idoma y gastronomía. Viajar te permite descubrir también cosas de ti mismo que todavía no sabías, y facetas de tus acompañantes (positivas y negativas): es una forma más de convivir.

No voy a contar aquí la ruta, ni daré sugerencias sobre lo que habría que ver en el camino entre Madrid y Ferrara. Solo me gustaría recoradr algunos rincones que me han robado el corazón…a veces han sido espacios muy grandes, o pueblos enteros. Otras veces han sido pequeños mundos dentro de otros más grandes o, incluso esquinas, imágenes que he robado en alguna foto, contrastes de colores.

 

Comenzaré con un lugar que descubrimos ya en la ruta de vuelta. Nada más cruzar el paso de Monginevro (entre Italia y Francia), paramos a visitar Briançon: se nos escapó a la ida, porque nos habíamos retrasado en Savines-le-lac (otra joya) y no teníamos pensado pasar de largo en esta ocasión.

Una idea muy acertada, desde luego.

Briançon es la segunda ciudad más alta de Europa (1.350 metros) y se divide en dos partes: la ciudad fortificada y la parte más moderna, repleta de Hoteles de la estación de esquí.

Estuvimos visitando solo la primera y ha sido toda una sorpresa: he colgado aquí algunas fotos. Las pequeñas tiendas son las que más me llamaron la atención…y una entre todas.

Se trata de una tienda de juguetes ‘Jouons au bois’. Entras y es como volver a otra época, cuando los juguetes eran principalmente de madera y pocos materiales más. Es la tienda perfecta para ese lugar tan especial.

 

No pude evitar comprar algunas cosas y eso me dió la oportunidad de charlar con la dueña (Briançon queda tan cerca de Italia y recibe tantos turistas italianos, que casi todo el mundo allí es capaz de conversar en italiano):
casi todos los productos son de producción local y los que no lo son, los compra a empresas de Tailandia que participan en proyectos de ayuda. Me explica que hay empresa que invierten un porcentaje de lo que ganan de la venta de juguetes en escuelas para los hijos de sus empleados.

Cuando llega el momento de pagar, me dice que no tiene bolsas de plástico ni de papel: solo puedo comprar una bolsa de tela si lo quiero. En esa tienda no venden ni utilizan ningún producto que sea de uso único, es decir solo venden objetos que se puedan volver a utilizar muchas veces. Mis compras me las llevé envueltas en papel reciclado.

Reconozco que esa visita a un pueblo perdido en los Alpes, me hizo reflexionar mucho sobre lo que cada uno podemos hacer para mejorar la relación que tenemos con nuestro planeta. A veces son pequeños gestos, que no nos suponen demasiado esfuerzo. En otros casos pueden convertirse en una filosofía de vida.

“Es una cuestión de disciplina, – me decía más tarde el principito -. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta.” (Cap. V)

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Esta frase de Hermann Hesse (“Motivos para partir no faltan nunca” – El Viandante) se ha convertido para mí en una certeza desde que la leí hace ya unos 20 años atrás.
No sé si la necesidad de viajar es un instinto natural o nos viene luego, junto con la educación que recibimos. Es algo muy personal, conozco a gente que solo la sintió ya mayor y otras personas que no saben lo que es.

Yo, desde luego, me puse en marcha con la primera oportunidad que tuve. Todo explotó a raiz de mis primeros viajes en solitario. Necesidad de los estudios, que marcaron mi formación personal y profesional.

La experiencia de viajar nos cambia de forma más o menos profunda, pero no tiene porque ser siempre ‘el viaje de tu vida’: es suficiente un fin de semana en una capital européa o cualquier otro lugar que no hemos conocido con anterioridad.

Si tenemos un mínimo de curiosidad, cualquier viaje nos acaba aportando algo; algo muy personal, porque cada uno de nosotros vuelve con sus recuerdos particulares, diferentes incluso de los de las demás personas que estaban allí.

El placer que el viajar nos proporciona no es en función de la distancia que hay que recorrer para alcanzar el destino: son suficientes el interés. la paciencia (porque viajando SIEMPRE hay imprevistos) y la mente lo bastante abierta como para comprender que conocer otros lugares y otras persona es la mejor forma de conocer a uno mismo.

Sin embargo, cuando oragnizamos una escapada o un viaje largo, necesitamos informaciones y datos más concretos. Empezando por respuestas a preguntas como:
¿Cómo puedo elegir el destino? ¿es buena elección para la época del año en la que puedo viajar? ¿encaja con mi presupuesto?

Conceptos definitivamente meno poeticos, pero fundamentales y difíciles de aclarar sin la ayuda de amigos que hayan estado con anterioridad.
Hace un par de años encontré ese grupo de amigos, que comparten mi misma pasión, la idea del viaje como experiencia y aula al aire libre y, sobre todo la vocación a faciltar la complicada tarea de organizar un viaje. Y, más aun, el deseo de que todo viaje acabe con historias que merezcan la pena ser contadas a la vuelta a casa.

De ese encuentro ha nacido mi participación en un proyecto enriquecedor y complicado a la vez.
Ha empezado para mi un viaje más.

En el fondo todos somos verdaderos viajeros.

“Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!”

(El viaje, Ch. Baudelaire)

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El turismo es una fuente de ingresos muy importante para el crecimiento y desarrollo de la economía de un país, sin embargo puede provocar un impacto socioeconómico, ambiental y cultural negativo para la sociedad que le recibe.

Cada día se escucha más el concepto de turismo responsable o sostenible. Se trata de un turismo que se desarrolla en el respeto del ambiente y de las culturas, y actúa basándose en principios de justicia social y económica.

El verdadero protagonista del turismo responsable es la comunidad local, no el viajero que la visita.
Estoy convencida que no existe el viajero ‘malo’ sino que el verdadero problema son los viajeros que no están informados.

Trabajando más de 7 meses en los Cayos del Norte de la isla de Cuba, por ejemplo, tuve que enfrentarme con muchas situaciones desagradables que, con muy pocas normas, se podrían facilmente evitar.

Ser un turista responsable no es sinónimo de sufrir, viajar incómodo, comer fatal o…incluso, hacerse cargo de todas las desgracias del mundo!!!

Puedes ser responsable y disfrutar de unas vacaciones maravillosas.

Aquí van unos pocos consejos para viajar sin dejar huellas. Recomendaciones para un turismo sostenible.

ANTES DEL VIAJE:

  • Busca toda la información que puedas sobre el País que visitarás: Historia cultura, economía, naturaleza, religión, comida…No me digas que no tenemos bastantes fuentes para ello!! Si te gusta aprender idiomas, no estaría demás hacerte con algunas expresiones básicas.
  • Siempre que sea posible, busca Tour Operadores y hotels que operan en el respeto de la comunidad y del medioambiente.

EN EL VIAJE:

  • Siempre que tus vacaciones sean un encuentro con culturas diferentes (casi siempre lo son, aunque te quedes en tu propio País), intenta adaptarte a las costumbres del lugar, sin imponer las tuyas.
  • Que hayas pagado (a veces mucho) para realizar tu viaje, no te da derecho a ofender o ser arrogante. Infórmate bien sobre las costumbres, como las propinas, etc.
  • La ropa: si visitas algún lugar sagrado, respétalo. No presumas de ropa y de tus posibilidades si contrasta mucho con el tenor de vida del lugar.
  • Souvenirs: si apoyas el artesanato y los productos locales, te llavarás recuerdos preciosos con la tranquilidad de haber ayudado el pueblo que has visitado. Antes de regatear, infórmate de las costumbres.
  • Siempre que puedas, utiliza los servicios (restaurantes, transportes, etc) gestionados por la gente de allí: esto te permitirá de conocerles mejor y contribuir a su bienestar económico.
  • Que tus huellas solo sean buenos recuerdos: nada de pinturas, escritas, basura. No recojas nada del los sitios arqueológicos o perjudicial para la naturaleza, solo para llevarte un recuedo original. No compres productos elaborados con plantas o animales en riesgo de estinción.
  • Cuidado con las zonas protegidas: no te alejes de los caminos marcados, para no molestar a los animales o estropear a las plantas. Mejor si las visitas en pequeños grupos y acompañados por algún guía del lugar.
  • Como en tu casa, cierra los grifos y apaga luces y aire acondicionado antes de salir de una habitación.
  • Si quieres tomar una foto a alguien, recuerda que las personas no son parte del paisaje y no sobra pedir permiso para hacerlo.
  • Disfruta de la comida con curiosidad y no busques tus platos habituales: para eso tienes todo el resto del año. No puedo olvidar lo molestos que estaban los turistas italianos en Cuba, en la época de Navidad, porque los ‘panettoni’ se quedaron bloqueados en aduana y llegaron solo para Nochevieja :(
  • Nunca olvides que NO existen pueblos orientados a la prostitución. Que el consentimiento por parte de los menores no es relevante. Que las familias, la policía y los trabajadores de los Hoteles la encubran y favorezcan no es excusa.

DE VUELTA:

  • Reflexiona sobre lo que has vivido y conocido: si te has comprometido en enviar fotos, postales o algún pequeño favor, NO LO OLVIDES.
  • Si te has chocado con situaciones graves o intolerables, siempre tienes la opción de denunciarlas.

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