“Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme?”  (dijo la flor… ‘El Principito’)

Las mariposas son ligeras, silenciosas…son grandes viajeras, pero a su paso no dejan huellas. Sí algunos efectos, todos positivos.

Con esta imágen de viajeras discretas y respetuosas nos hemos quedado Laura  (Viaje al Atardecer) y yo cuando empezamos a hablar de una idea…el embrión de un proyecto que tomó forma y existe a partir de hoy gracias a Antonio, el verdadero propulsor.

Mariposas en la maleta” forma parte de ‘algo más grande’: un multisite que incluye Blogpocket, el primogénito de Antonio (que celebra este año sus 10 cumpleaños) y Acordes Modernos (un Blog que aconsejo por su originalidad, si te gusta el mundo de la música). Y es posible que la familia siga creciendo.

Mariposas en la maleta” es el lugar donde podrás encontrar noticias relacionadas con Turismo sostenible, con Turismo responsable, el lugar donde juntamos ideas y sugerencias para viajar sin dejar huellas, el lugar donde juntos aprendemos a ser buenos viajeros y mejores personas.

Todo esto de un punto de vista humilde, sin la pretensión de ser expertas del tema y, sobre todo, sin querer convertir el viaje en la renuncia a la comodidad y al disfrute, sino aportando pequeñas ideas basadas en el respeto de las personas, de las culturas, de las economías locales y del medio ambiente. 

Hace meses hablaba aquí en Asteroide B612 de la afinidad del turismo sostenible con ese concepto tan importante que nos transmite la lectura de El Principito: ‘Lo esencial es invisible para los ojos“. Os invito a seguir ‘Mariposas en la maleta’ para que juntos consigamos hacer cada vez más visible lo esencial. 

Colaboran en el proyecto otro gran mentor para mí, Egoitz y también Jesús poniendo a nuestra disposición su galería de fotos. Muchas gracias a los dos!!

“Sólo vivir no es suficiente”, dijo la mariposa. “Uno necesita un poco de sol, de libertad, y alguna pequeña flor” Hans Christian Andersen

Etiquetas: , , , , ,

3 Comentarios »
· · · ◊ ◊ ◊ · · ·

“Dentro de 20 años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las cosas que sí llegaste a hacer. Así que suelta amarras. Sal a todo trapo de la seguridad de esta bahía. Hincha tus velas con vientos de cambio. Explora. Sueña. Descubre.” Mark Twain

Ayer escuchaba una psicologa que estaba hablando de los resultados de un estudio sobre los sueños y el porcentaje de personas que, a lo largo de su vida, conseguimos realizarlos, hacer lo que siempre hemos soñado.
Un porcentaje tristemente pequeño.

La primera dificultad está en saber cuál es tu sueño, qué es lo que sueñas ser en la vida…qué fácil!
Fácil sería -decía ella- que al llegar al mundo nos dijeran:
“Hola! acabas de recibir el don de la vida y…cuéntanos: qué vas a dar tú a los demás? Cuál es tu don y qué harás en la vida?”
Tendríamos así, desde el primer momento, las ideas muy claras.

Como esto no suele ocurrir así, pues hay que esforzarse un poco más. Y es así como acabamos haciendo listas sin fin de grandes propósitos que, la mayoría, solo raras veces cumplimos.

Desde muy pequeña he descubierto que me encanta dibujar.
Tuve la misma mala suerte que Saint – Exupéry

Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. …Tuve, pues, que elegir otro oficio… (El Principito)

Aun así, allí está, en mi listado de cosas pendientes: recuperar el tiempo perdido y volver a pintar más a menudo – realmente no lo dejé a los 6 años ;)

Hace meses, justo antes de mis vacaciones de verano, descubrí algo muy curioso que me encantó: el Urban Sketchers.

Es un colectivo de artistas en todo el mundo que dibujan las ciudades donde viven y los sitios adonde viajan.

No pude evitar de pensar en Bruce Chatwin y su Moleskine (To lose a passport was the least of one’s worries: to lose a notebook was a catastrophe) y de repente lo he visto claro: los viajes y el dibujo no son dos de mis pasiones. Son dos facetas de la misma.

La semana pasada, disfrutando de unos maravillosos momentos en el Museo Thyssen, sonreí escuchando a nuestra guía cuando nos hablaba de la crisis de la pintura al nacer de la fotografía.

Otro arte que admiro. Pero el dibujo es de igual manera, robar un instante a la realidad…pero sin prisas. Tomarte el tiempo de disfrutar lo que estás viendo. Hacerlo tuyo. Viajar despacio.

Así he descubierto también, que se organizan verdaderas quedadas de Urban Sketchers, que hay material de dibujo específico para practicar este arte…y que hay verdaderos artístas camuflados entres las personas que tenemos alrededor!

Urban Sketchers en Flickr

Etiquetas: , , , ,

5 Comentarios »
· · · ◊ ◊ ◊ · · ·

Este verano he estado viajando hacia Italia de una forma algo diferente: en lugar de subirme a un avión en Madrid y dejar que fueran a buscarme al aeropuerto de Bolonia o Venecia, he preferido organizar una ruta en coche y disfrutar de la carretera.

Mirar desde la ventanilla, ver pasar los kilómetros debajo de tí: no hay comparación.

Aunque a la ida el clima no nos haya acompañado demasiado, el viaje ha sido una suma de descubrimientos: no me refiero solo a paisajes, pueblos, idoma y gastronomía. Viajar te permite descubrir también cosas de ti mismo que todavía no sabías, y facetas de tus acompañantes (positivas y negativas): es una forma más de convivir.

No voy a contar aquí la ruta, ni daré sugerencias sobre lo que habría que ver en el camino entre Madrid y Ferrara. Solo me gustaría recoradr algunos rincones que me han robado el corazón…a veces han sido espacios muy grandes, o pueblos enteros. Otras veces han sido pequeños mundos dentro de otros más grandes o, incluso esquinas, imágenes que he robado en alguna foto, contrastes de colores.

 

Comenzaré con un lugar que descubrimos ya en la ruta de vuelta. Nada más cruzar el paso de Monginevro (entre Italia y Francia), paramos a visitar Briançon: se nos escapó a la ida, porque nos habíamos retrasado en Savines-le-lac (otra joya) y no teníamos pensado pasar de largo en esta ocasión.

Una idea muy acertada, desde luego.

Briançon es la segunda ciudad más alta de Europa (1.350 metros) y se divide en dos partes: la ciudad fortificada y la parte más moderna, repleta de Hoteles de la estación de esquí.

Estuvimos visitando solo la primera y ha sido toda una sorpresa: he colgado aquí algunas fotos. Las pequeñas tiendas son las que más me llamaron la atención…y una entre todas.

Se trata de una tienda de juguetes ‘Jouons au bois’. Entras y es como volver a otra época, cuando los juguetes eran principalmente de madera y pocos materiales más. Es la tienda perfecta para ese lugar tan especial.

 

No pude evitar comprar algunas cosas y eso me dió la oportunidad de charlar con la dueña (Briançon queda tan cerca de Italia y recibe tantos turistas italianos, que casi todo el mundo allí es capaz de conversar en italiano):
casi todos los productos son de producción local y los que no lo son, los compra a empresas de Tailandia que participan en proyectos de ayuda. Me explica que hay empresa que invierten un porcentaje de lo que ganan de la venta de juguetes en escuelas para los hijos de sus empleados.

Cuando llega el momento de pagar, me dice que no tiene bolsas de plástico ni de papel: solo puedo comprar una bolsa de tela si lo quiero. En esa tienda no venden ni utilizan ningún producto que sea de uso único, es decir solo venden objetos que se puedan volver a utilizar muchas veces. Mis compras me las llevé envueltas en papel reciclado.

Reconozco que esa visita a un pueblo perdido en los Alpes, me hizo reflexionar mucho sobre lo que cada uno podemos hacer para mejorar la relación que tenemos con nuestro planeta. A veces son pequeños gestos, que no nos suponen demasiado esfuerzo. En otros casos pueden convertirse en una filosofía de vida.

“Es una cuestión de disciplina, – me decía más tarde el principito -. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta.” (Cap. V)

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

1 Comentario »
· · · ◊ ◊ ◊ · · ·

Si esperas encontrar aquí alguna sugerencia sobre Hoteles de lujo, destinos de ensueño o planes de viaje llenos de grandes comodidades…siento decepcionarte, pero mi pequeña reflexión de hoy va de otro tipo de lujo.

El lujo de perder tiempo.

Si incluso en el día a día necesitamos, de vez en cuando (y nos permitimos) momentos de ‘stand by’, qué mejor momento para parar, que el paréntesis de un viaje?
Tómate el tiempo de disfrutar de un lugar, permítete el lujo de no tener nada que hacer.

Demasiadas veces estamos fuera, para estudiar, para trabajar, y nos dejamos llevar por el ritmo de nuestros compromisos, por la costumbre de ir corriendo a todas partes.
Incluso cuando estamos de viaje: nos marcamos unas rutas imposibles, queremos verlo todo de una ciudad en un par de días, nos desplazamos casi siempre en avión, simplemente materializándonos en otro lugar, sin disfrutar realmente del desplazamiento, vivimos los días de vacaciones con el agobio del inevitable countdown marcado por la fecha de nuestro regreso a casa…

Nos acompañan las prisas, pero no tiene porqué ser así.
¿Qué puede pasar si te vas por las calles, disfrutando de lo que tienes alrededor, sin un plan determinado?
Como mucho puedes quedarte con la sensación que de esa determinada ciudad te queda todavía mucho por ver.
No es lo que sentimos todos, de vuelta de un viaje?
Eso nos pasaría de todas formas.

Entonces concédete el lujo de sentarte en un banco, frente a la playa, o en una plaza llena de gente, mientras todo acontece delante de tus ojos.

En uno de mis muchos viajes a Venecia (no el primero: esa vez yo también quise comerme la ciudad de un bocado), me dediqué a perderme por las calles, fuera de la ruta habitual, esa bien indicada por unas clarísimas flechas que te persiguen…por si se te ocurre desviarte. Las mismas que te obligan a comer en Restaurantes carísimos o a comprar absurdos recuerdos que acabarás tirando a la basura.

No sabía muy bien dónde estaba, ya se acercaba la hora de comer y nos dejamos llevar por el olor que llegaba de la cocina de algún lugar cercano. Fué así como descubrí una trattoría cuya terraza no era otra cosa que la calle misma, poco más ancha que las mesas, pegada a unos de los muchos canales.
Nos sentamos y la gente que paseaba por allí tenía que pasar de lado entre nosotros y la pared del restaurante, la carta ofrecía lo que el dueño había encontrado en el mercado por la mañana, solo pudimos pedir el vino de la casa porque no había otra opción…pero en ese momento el sol acariciaba los geranios rojos de la barandilla, una góndola pasaba a mi lado, no tenía ninguna prisa de seguir camino y todo era absolutamente perfecto.

Eso sí: no tengo ni idea de cómo podría volver alguna vez a dar con ese lugar. Pero cada vez que pienso en Venecia, lo primero que viene a mi cabeza, no es la Plaza San Marco, ni el Ponte de Rialto, sino ese momento que he compartido con los 10 desconocidos que ocupaban las pocas mesas de esa Trattoria.

Un lujo muy barato y al alcance de todos aquellos que renuncian a las prisas y eligen el placer de observar, ver, escuchar, entender…y vivir un destino.

Etiquetas: , , ,

2 Comentarios »
· · · ◊ ◊ ◊ · · ·