-Mi trabajo es algo terrible. En otros tiempos era razonable; apagaba el farol por la mañana y lo encendía por la tarde. Tenía el resto del día para reposar y el resto de la noche para dormir.
-¿Y luego cambiaron la consigna?
-Ese es el drama, que la consigna no ha cambiado -dijo el farolero-. El planeta gira cada vez más de prisa de año en año y la consigna sigue siendo la misma.
-¿Y entonces? -dijo el principito.
-Como el planeta da ahora una vuelta completa cada minuto, yo no tengo un segundo de reposo. Enciendo y apago una vez por minuto.

Hace unos mese que, coincidencia, Japón vuelve una y otra vez a mi vida. Y eso que, lo reconozco, no tengo demasiada afinidad con las culturas orientales. Pero es cierto: lo que estamos escuchando desde el 11 marzo pasado, no puede no hacerte temblar el alma.

No pienso buscar las palabras para expresar algo al respeto: no existen palabras lo bastante buenas, no hay palabras bastante grandes para que mi opinión aporte aquí nada más útil de lo que cada uno de nosotros encuentre en su corazón.

Prefiero ir atrás en el tiempo y recordar una lectura, un libro de Alessandro Baricco, un escritor que sí sabe encontrar buenas y grandes palabras. Tan atrás en el tiempo, hasta la segunda mitad de 1800, cuando viajar a Japón era viajar hasta el final del mundo.

Se trata de Seda. Seda es un cuento que se lee en una hora, todo seguido y sin respirar. Es un cuento que pude leer cuando se publicó, a finales de los ’90 y que volví a saborear el año pasado.
El protagonista ‘asiste’ a su propia vida sin ninguna ambición de ‘vivirla’, hasta que los eventos le llevan a viajar a otro mundo, enfrentándose a un largo viaje, peligros y dificultades.
Al final de su viaje encuentra no solo lo que andaba buscando, sino también algo que no esperaba, algo que le hará volver una y otra vez.

Es la eterna lucha entre la vida que tenemos y las que quisieramos. Lo desconocido y prohibido contra lo habitual y familiar.
Puedes encontrar todo tipo de comentario sobre este cuento: no suele gustar a todo el mundo. A muchos les parece superficial, vacío e incluso decepcionante. Para otros es una historia apasionante, romántica y sensual.

Quizás la historia no sea lo que cuenta en Seda, quizás lo que le da fuerza, si no fuera suficiente el talento de Baricco, es la representación de los destinos de los personajes: el destino juega con nosotros y con nuestros deseos. El destino a veces misterioso, otras pícaro.
Existe un mensaje?
Supongo que, como siempre, el mensaje esté en cada lector: por eso no me atreví a ver la película que se hizo, inspirada en el cuento de Seda. La interpretaciones que damos a los libros, a menudo chocan con las versiones cinematográficas.

Quizás me quede con la imagen de Japón, como el lugar de los sueños, el lugar que saca a los hombres fuerzas que no pensaban tener, el lugar de la vida y el país de una gran historia, preciosa como la seda.

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