Creo que hoy es un buen día para retomar mis publicaciones: llevo un tiempo sumergida en un nuevo proyecto que me absorbe por completo y he descuidado mucho mi pequeño Asteroide. Espero que, mientras, no se haya llenado de baobabs.

Y un día me aconsejó esforzarme en lograr un buen dibujo, para meter bien esto en la cabeza de los niños de mi tierra. “Si algún día viajan, me decía, esto les puede servir. A veces no hay problema en dejar el trabajo para después. Pero en caso de tratarse de baobabs, es siempre catastrófico. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Había ignorado tres arbustos…” (El Principito, Antoine de Saint-Exupéry)

Es un buen día, porque hoy es el 65 Aniversario del nacimiento de Freddie Mercury y no puedo dejar pasar por alto esta fecha. Dentro de poco, el 24 de noviembre, recordaremos que ya han pasado 20 años desde que Freddie nos dejó, no sin polémicas, como no podía ser de otra forma.

Desconozco como se recibiría la noticia en España, lo que sí recuerdo muy bien es como viví yo ese momento. Por absurdo que pueda parecer hoy en día, en los años 90 en Italia el SIDA seguía siendo un tema difícil de tratar en los medios y cuando escuché la noticia me sorprendió mucho el enfoque que le dieron en el telediario.

También me sorprendió mi reacción y lo mucho que me afectó: nunca me he considerado una groupie de ningún cantante o grupo ni jamás me he quedado pendiente de los asuntos personales de los miembros de Queen, no obstante mi gran interés por su música. Aun así algo se rompió ese día en mi interior. Una sensación muy curiosa.

Hace unos años, me invitaron a asistir al espectaculo We Will Rock You, en el Teatro Calderón. Fué un tema de trabajo y realmente no tenía elección…la verdad es que me apetecía mucho. Formando parte de la organización de aquel evento, dejamos las mejores butacas a disposición de nuestros invitados y nos quedamos con la primera fila…que nos regaló una importante tortícolis.

La que parecía la peor ubicación, resultó ser mi suerte. No obstante la decepción debida a las lamentables traducciones al castellano de las letras de todas las canciones del musical (hasta me costó reconocer algunas), lo de estar en primera fila supuso estar a unos pocos centímetros de los músicos…pues mi mirada acabó centrándose más en ellos que en el espectáculo.
Al poco tiempo tuve la ocasión de volver a verlo, con las canciones en versión original…y lo disfruté mucho más.

Bueno, en los dos casos no he podido no emocionarme en dos momentos: el primero, cuando los protagonistas están recordando grandes artistas muertos jóvenes (y allí escuché muchos nombres que han marcado mi cultura musical) y, el segundo, en el final, cuando no pudimos evitar soltar unas lagrimillas. En fin, bastante patético, lo sé, pero estoy convencida que esa emoción que no pude controlar, no venía ni de la historia del musical, ni de las interpretaciones (a las cuales no quiero quitar méritos), sino de lo que ha supuesto la música de Queen en mi vida y de lo que ha significado para todos darnos de cara con una enfermedad durísima que no asimilamos hasta que rostros famosos empezaron a hablar de ello (…o a desaparecer por ello).

“Siguiendo la enorme conjetura de la prensa de las últimas dos semanas, es mi deseo confirmar que padezco sida. Sentí que era correcto mantener esta información en privado hasta el día de la fecha para proteger la privacidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado la hora de que mis amigos y seguidores conozcan la verdad y espero que todos se unan a mí y a mis médicos para combatir esta terrible enfermedad.” (Freddie Mercury, 22 de Noviembre de 1991)

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-Mi trabajo es algo terrible. En otros tiempos era razonable; apagaba el farol por la mañana y lo encendía por la tarde. Tenía el resto del día para reposar y el resto de la noche para dormir.
-¿Y luego cambiaron la consigna?
-Ese es el drama, que la consigna no ha cambiado -dijo el farolero-. El planeta gira cada vez más de prisa de año en año y la consigna sigue siendo la misma.
-¿Y entonces? -dijo el principito.
-Como el planeta da ahora una vuelta completa cada minuto, yo no tengo un segundo de reposo. Enciendo y apago una vez por minuto.

Hace unos mese que, coincidencia, Japón vuelve una y otra vez a mi vida. Y eso que, lo reconozco, no tengo demasiada afinidad con las culturas orientales. Pero es cierto: lo que estamos escuchando desde el 11 marzo pasado, no puede no hacerte temblar el alma.

No pienso buscar las palabras para expresar algo al respeto: no existen palabras lo bastante buenas, no hay palabras bastante grandes para que mi opinión aporte aquí nada más útil de lo que cada uno de nosotros encuentre en su corazón.

Prefiero ir atrás en el tiempo y recordar una lectura, un libro de Alessandro Baricco, un escritor que sí sabe encontrar buenas y grandes palabras. Tan atrás en el tiempo, hasta la segunda mitad de 1800, cuando viajar a Japón era viajar hasta el final del mundo.

Se trata de Seda. Seda es un cuento que se lee en una hora, todo seguido y sin respirar. Es un cuento que pude leer cuando se publicó, a finales de los ’90 y que volví a saborear el año pasado.
El protagonista ‘asiste’ a su propia vida sin ninguna ambición de ‘vivirla’, hasta que los eventos le llevan a viajar a otro mundo, enfrentándose a un largo viaje, peligros y dificultades.
Al final de su viaje encuentra no solo lo que andaba buscando, sino también algo que no esperaba, algo que le hará volver una y otra vez.

Es la eterna lucha entre la vida que tenemos y las que quisieramos. Lo desconocido y prohibido contra lo habitual y familiar.
Puedes encontrar todo tipo de comentario sobre este cuento: no suele gustar a todo el mundo. A muchos les parece superficial, vacío e incluso decepcionante. Para otros es una historia apasionante, romántica y sensual.

Quizás la historia no sea lo que cuenta en Seda, quizás lo que le da fuerza, si no fuera suficiente el talento de Baricco, es la representación de los destinos de los personajes: el destino juega con nosotros y con nuestros deseos. El destino a veces misterioso, otras pícaro.
Existe un mensaje?
Supongo que, como siempre, el mensaje esté en cada lector: por eso no me atreví a ver la película que se hizo, inspirada en el cuento de Seda. La interpretaciones que damos a los libros, a menudo chocan con las versiones cinematográficas.

Quizás me quede con la imagen de Japón, como el lugar de los sueños, el lugar que saca a los hombres fuerzas que no pensaban tener, el lugar de la vida y el país de una gran historia, preciosa como la seda.

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Este verano he estado viajando hacia Italia de una forma algo diferente: en lugar de subirme a un avión en Madrid y dejar que fueran a buscarme al aeropuerto de Bolonia o Venecia, he preferido organizar una ruta en coche y disfrutar de la carretera.

Mirar desde la ventanilla, ver pasar los kilómetros debajo de tí: no hay comparación.

Aunque a la ida el clima no nos haya acompañado demasiado, el viaje ha sido una suma de descubrimientos: no me refiero solo a paisajes, pueblos, idoma y gastronomía. Viajar te permite descubrir también cosas de ti mismo que todavía no sabías, y facetas de tus acompañantes (positivas y negativas): es una forma más de convivir.

No voy a contar aquí la ruta, ni daré sugerencias sobre lo que habría que ver en el camino entre Madrid y Ferrara. Solo me gustaría recoradr algunos rincones que me han robado el corazón…a veces han sido espacios muy grandes, o pueblos enteros. Otras veces han sido pequeños mundos dentro de otros más grandes o, incluso esquinas, imágenes que he robado en alguna foto, contrastes de colores.

 

Comenzaré con un lugar que descubrimos ya en la ruta de vuelta. Nada más cruzar el paso de Monginevro (entre Italia y Francia), paramos a visitar Briançon: se nos escapó a la ida, porque nos habíamos retrasado en Savines-le-lac (otra joya) y no teníamos pensado pasar de largo en esta ocasión.

Una idea muy acertada, desde luego.

Briançon es la segunda ciudad más alta de Europa (1.350 metros) y se divide en dos partes: la ciudad fortificada y la parte más moderna, repleta de Hoteles de la estación de esquí.

Estuvimos visitando solo la primera y ha sido toda una sorpresa: he colgado aquí algunas fotos. Las pequeñas tiendas son las que más me llamaron la atención…y una entre todas.

Se trata de una tienda de juguetes ‘Jouons au bois’. Entras y es como volver a otra época, cuando los juguetes eran principalmente de madera y pocos materiales más. Es la tienda perfecta para ese lugar tan especial.

 

No pude evitar comprar algunas cosas y eso me dió la oportunidad de charlar con la dueña (Briançon queda tan cerca de Italia y recibe tantos turistas italianos, que casi todo el mundo allí es capaz de conversar en italiano):
casi todos los productos son de producción local y los que no lo son, los compra a empresas de Tailandia que participan en proyectos de ayuda. Me explica que hay empresa que invierten un porcentaje de lo que ganan de la venta de juguetes en escuelas para los hijos de sus empleados.

Cuando llega el momento de pagar, me dice que no tiene bolsas de plástico ni de papel: solo puedo comprar una bolsa de tela si lo quiero. En esa tienda no venden ni utilizan ningún producto que sea de uso único, es decir solo venden objetos que se puedan volver a utilizar muchas veces. Mis compras me las llevé envueltas en papel reciclado.

Reconozco que esa visita a un pueblo perdido en los Alpes, me hizo reflexionar mucho sobre lo que cada uno podemos hacer para mejorar la relación que tenemos con nuestro planeta. A veces son pequeños gestos, que no nos suponen demasiado esfuerzo. En otros casos pueden convertirse en una filosofía de vida.

“Es una cuestión de disciplina, – me decía más tarde el principito -. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta.” (Cap. V)

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Hace unos días, volviendo de una cena con un querido amigo (en la que acabamos hablando de como a veces nos dejamos llevar hacia vidas que no se parecen mucho a las que soñábamos para nosotros y de la necesidad de retomar nustro rumbo) encontré encima de la mesa del comedor este dibujo: un regalo que me había dejado mi hijo de 4 años antes de acostarse, como bienvenida.

Unos días antes, su profesora nos hizo llegar una nota en la que nos comunicaba: “Alessandro escribe su nombre en mayúsculas”.
Viendo el dibujo, pensé que era cierto y me dispuse a interpretar la parte de abajo. Pensé: seguro que quería dibujarme una flor. Yo siempre le pido que me dibuje flores: él sabe que me encantan flores y plantas.

Guardé la libreta.

Cuando hablé con él y quise agradecerle el regalo, le comenté que me había hecho muy feliz y que cuando quisiera podía acabar mi flor para que me la llevara a la oficina.

Él me miró y realmente no sabía de qué le estaba hablando.
Le enseñé la libreta.
Y él me dijo: “Mamá, el dibujo está acabado. Es un perla pequeña. A las chicas os gustan las perlas pequeñas, verdad?”

Aquí tengo mi dibujo para mirarlo cada vez que, como todas las personas mayores, deje de ver la serpiente boa que digiere a un lefante y solo vea un sombrero.
Y también porque no siempre consigo transmitir con mi trabajo esa idea de viajar que llevo dentro, pero no por eso debo dejar de intentarlo. Pero esto ya lo contaré otro día.

“Las personas mayores me aconsejaron dejar de lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas, e interesarme en cambio en geografía, historia, matemática y gramática. Es así como abandoné, a la edad de seis años, una magnífica carrera de pintor. Había sido desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y de mi dibujo número 2. Las personas mayores no entienden nunca nada por sí mismas, y es cansador, para los niños, darles una y otra vez explicaciones.” (El Principito)

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El turismo es una fuente de ingresos muy importante para el crecimiento y desarrollo de la economía de un país, sin embargo puede provocar un impacto socioeconómico, ambiental y cultural negativo para la sociedad que le recibe.

Cada día se escucha más el concepto de turismo responsable o sostenible. Se trata de un turismo que se desarrolla en el respeto del ambiente y de las culturas, y actúa basándose en principios de justicia social y económica.

El verdadero protagonista del turismo responsable es la comunidad local, no el viajero que la visita.
Estoy convencida que no existe el viajero ‘malo’ sino que el verdadero problema son los viajeros que no están informados.

Trabajando más de 7 meses en los Cayos del Norte de la isla de Cuba, por ejemplo, tuve que enfrentarme con muchas situaciones desagradables que, con muy pocas normas, se podrían facilmente evitar.

Ser un turista responsable no es sinónimo de sufrir, viajar incómodo, comer fatal o…incluso, hacerse cargo de todas las desgracias del mundo!!!

Puedes ser responsable y disfrutar de unas vacaciones maravillosas.

Aquí van unos pocos consejos para viajar sin dejar huellas. Recomendaciones para un turismo sostenible.

ANTES DEL VIAJE:

  • Busca toda la información que puedas sobre el País que visitarás: Historia cultura, economía, naturaleza, religión, comida…No me digas que no tenemos bastantes fuentes para ello!! Si te gusta aprender idiomas, no estaría demás hacerte con algunas expresiones básicas.
  • Siempre que sea posible, busca Tour Operadores y hotels que operan en el respeto de la comunidad y del medioambiente.

EN EL VIAJE:

  • Siempre que tus vacaciones sean un encuentro con culturas diferentes (casi siempre lo son, aunque te quedes en tu propio País), intenta adaptarte a las costumbres del lugar, sin imponer las tuyas.
  • Que hayas pagado (a veces mucho) para realizar tu viaje, no te da derecho a ofender o ser arrogante. Infórmate bien sobre las costumbres, como las propinas, etc.
  • La ropa: si visitas algún lugar sagrado, respétalo. No presumas de ropa y de tus posibilidades si contrasta mucho con el tenor de vida del lugar.
  • Souvenirs: si apoyas el artesanato y los productos locales, te llavarás recuerdos preciosos con la tranquilidad de haber ayudado el pueblo que has visitado. Antes de regatear, infórmate de las costumbres.
  • Siempre que puedas, utiliza los servicios (restaurantes, transportes, etc) gestionados por la gente de allí: esto te permitirá de conocerles mejor y contribuir a su bienestar económico.
  • Que tus huellas solo sean buenos recuerdos: nada de pinturas, escritas, basura. No recojas nada del los sitios arqueológicos o perjudicial para la naturaleza, solo para llevarte un recuedo original. No compres productos elaborados con plantas o animales en riesgo de estinción.
  • Cuidado con las zonas protegidas: no te alejes de los caminos marcados, para no molestar a los animales o estropear a las plantas. Mejor si las visitas en pequeños grupos y acompañados por algún guía del lugar.
  • Como en tu casa, cierra los grifos y apaga luces y aire acondicionado antes de salir de una habitación.
  • Si quieres tomar una foto a alguien, recuerda que las personas no son parte del paisaje y no sobra pedir permiso para hacerlo.
  • Disfruta de la comida con curiosidad y no busques tus platos habituales: para eso tienes todo el resto del año. No puedo olvidar lo molestos que estaban los turistas italianos en Cuba, en la época de Navidad, porque los ‘panettoni’ se quedaron bloqueados en aduana y llegaron solo para Nochevieja :(
  • Nunca olvides que NO existen pueblos orientados a la prostitución. Que el consentimiento por parte de los menores no es relevante. Que las familias, la policía y los trabajadores de los Hoteles la encubran y favorezcan no es excusa.

DE VUELTA:

  • Reflexiona sobre lo que has vivido y conocido: si te has comprometido en enviar fotos, postales o algún pequeño favor, NO LO OLVIDES.
  • Si te has chocado con situaciones graves o intolerables, siempre tienes la opción de denunciarlas.

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“El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre llega un día en el que es necesario partir.”

Uno de mis autores preferidos es Paulo Coelho: de él he leido muchos libros y todos me han encantado (además de haberme enseñado algo…sobre mi misma también).
Sin duda el que prefiero, por cariño, no por otra cosa, es El Alquimista.

No solo porque fue el primero, sino porque habla de viajar…y a este tema, no puedo resistirme.

“Lo más importante era que todos los días podía realizar el gran sueño de su vida: viajar.”

Se trata de un viaje real, y simbólico a la vez, hacia el descubrimiento de la ‘Historia Personal’.

Los niños tienen muy claro cuál es su historia personal y sueñan con ella incluso hasta la adolescencia, pero siempre llega un momento, cuando, ya mayores, sentimos que hemos perdido el control sobre nuestras vidas.
El momento en él que somos incapaces de escoger nuestro destino.
Relacionarse con las mismas personas siempre, dejarse llevar de lo que se esperan de nosotros, los compromisos, las rutinas…todo nos transmite una idea de como debemos vivir nuestra vida y nos hacen olvidar de como nosotros deseabamos que fuera.

“La gente siempre está en condiciones de hacer lo que sueña.”

Tomando este principio como base, comienza el viaje. Un viaje en el que hay sitio para todo: el aprendizaje, las dificultades, las dudas, el amor, el destino…

Un libro sencillo, breve. Un cuento.

[Por qué será (como en el caso del Principito) que los mayores necesitamos leer las cosas como si estuvieran escritas para los pequeños, para darnos cuenta?]

A todos los que aman los viajes, lo aconsejo sin dudar.

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Tres volcanes (dos de ellos activos y uno no) y una rosa.

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