Hace unos días estuvimos celebrando el BlogDay y la verdad, se trata de una celebración a la que me pude sumar gracias a las circunstancias, que me han llevado a acercarme a los Blogs, hace casi 4 años.

Una fecha que no tendría sentido para mí, si no fuera por la ayuda, el apoyo y los ánimos de algunas personas. Entre ellas no puedo dejar de mencionar a Alfredo, fundador de Nomaders, culpable de que dieramos vida a Espíritu Nómada; Egoitz, cuyo asesoramiento, colaboración y generosidad le valen muchísimo aprecio por toda la blogosfera y, por último dejo a Antonio Cambronero (aka Blogpocket), autor de este regalo que quiero compartir.

Gracias a Antonio y a Egoitz empecé con Asteroide, juntos a Laura nos estrenamos en turismo sostenible con Mariposas en la Maleta que forma parte de Blogpocket MultiSite…y si no fuera que de vez en cuando le despisto con algunas cañas, no sé en cuantos otros ‘fregaos’ me hubiera metido :)

Gracias Antonio por este regalo, que tiene para mí más importancia de lo que pueda espresar!

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Creo que hoy es un buen día para retomar mis publicaciones: llevo un tiempo sumergida en un nuevo proyecto que me absorbe por completo y he descuidado mucho mi pequeño Asteroide. Espero que, mientras, no se haya llenado de baobabs.

Y un día me aconsejó esforzarme en lograr un buen dibujo, para meter bien esto en la cabeza de los niños de mi tierra. “Si algún día viajan, me decía, esto les puede servir. A veces no hay problema en dejar el trabajo para después. Pero en caso de tratarse de baobabs, es siempre catastrófico. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Había ignorado tres arbustos…” (El Principito, Antoine de Saint-Exupéry)

Es un buen día, porque hoy es el 65 Aniversario del nacimiento de Freddie Mercury y no puedo dejar pasar por alto esta fecha. Dentro de poco, el 24 de noviembre, recordaremos que ya han pasado 20 años desde que Freddie nos dejó, no sin polémicas, como no podía ser de otra forma.

Desconozco como se recibiría la noticia en España, lo que sí recuerdo muy bien es como viví yo ese momento. Por absurdo que pueda parecer hoy en día, en los años 90 en Italia el SIDA seguía siendo un tema difícil de tratar en los medios y cuando escuché la noticia me sorprendió mucho el enfoque que le dieron en el telediario.

También me sorprendió mi reacción y lo mucho que me afectó: nunca me he considerado una groupie de ningún cantante o grupo ni jamás me he quedado pendiente de los asuntos personales de los miembros de Queen, no obstante mi gran interés por su música. Aun así algo se rompió ese día en mi interior. Una sensación muy curiosa.

Hace unos años, me invitaron a asistir al espectaculo We Will Rock You, en el Teatro Calderón. Fué un tema de trabajo y realmente no tenía elección…la verdad es que me apetecía mucho. Formando parte de la organización de aquel evento, dejamos las mejores butacas a disposición de nuestros invitados y nos quedamos con la primera fila…que nos regaló una importante tortícolis.

La que parecía la peor ubicación, resultó ser mi suerte. No obstante la decepción debida a las lamentables traducciones al castellano de las letras de todas las canciones del musical (hasta me costó reconocer algunas), lo de estar en primera fila supuso estar a unos pocos centímetros de los músicos…pues mi mirada acabó centrándose más en ellos que en el espectáculo.
Al poco tiempo tuve la ocasión de volver a verlo, con las canciones en versión original…y lo disfruté mucho más.

Bueno, en los dos casos no he podido no emocionarme en dos momentos: el primero, cuando los protagonistas están recordando grandes artistas muertos jóvenes (y allí escuché muchos nombres que han marcado mi cultura musical) y, el segundo, en el final, cuando no pudimos evitar soltar unas lagrimillas. En fin, bastante patético, lo sé, pero estoy convencida que esa emoción que no pude controlar, no venía ni de la historia del musical, ni de las interpretaciones (a las cuales no quiero quitar méritos), sino de lo que ha supuesto la música de Queen en mi vida y de lo que ha significado para todos darnos de cara con una enfermedad durísima que no asimilamos hasta que rostros famosos empezaron a hablar de ello (…o a desaparecer por ello).

“Siguiendo la enorme conjetura de la prensa de las últimas dos semanas, es mi deseo confirmar que padezco sida. Sentí que era correcto mantener esta información en privado hasta el día de la fecha para proteger la privacidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado la hora de que mis amigos y seguidores conozcan la verdad y espero que todos se unan a mí y a mis médicos para combatir esta terrible enfermedad.” (Freddie Mercury, 22 de Noviembre de 1991)

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-Mi trabajo es algo terrible. En otros tiempos era razonable; apagaba el farol por la mañana y lo encendía por la tarde. Tenía el resto del día para reposar y el resto de la noche para dormir.
-¿Y luego cambiaron la consigna?
-Ese es el drama, que la consigna no ha cambiado -dijo el farolero-. El planeta gira cada vez más de prisa de año en año y la consigna sigue siendo la misma.
-¿Y entonces? -dijo el principito.
-Como el planeta da ahora una vuelta completa cada minuto, yo no tengo un segundo de reposo. Enciendo y apago una vez por minuto.

Hace unos mese que, coincidencia, Japón vuelve una y otra vez a mi vida. Y eso que, lo reconozco, no tengo demasiada afinidad con las culturas orientales. Pero es cierto: lo que estamos escuchando desde el 11 marzo pasado, no puede no hacerte temblar el alma.

No pienso buscar las palabras para expresar algo al respeto: no existen palabras lo bastante buenas, no hay palabras bastante grandes para que mi opinión aporte aquí nada más útil de lo que cada uno de nosotros encuentre en su corazón.

Prefiero ir atrás en el tiempo y recordar una lectura, un libro de Alessandro Baricco, un escritor que sí sabe encontrar buenas y grandes palabras. Tan atrás en el tiempo, hasta la segunda mitad de 1800, cuando viajar a Japón era viajar hasta el final del mundo.

Se trata de Seda. Seda es un cuento que se lee en una hora, todo seguido y sin respirar. Es un cuento que pude leer cuando se publicó, a finales de los ’90 y que volví a saborear el año pasado.
El protagonista ‘asiste’ a su propia vida sin ninguna ambición de ‘vivirla’, hasta que los eventos le llevan a viajar a otro mundo, enfrentándose a un largo viaje, peligros y dificultades.
Al final de su viaje encuentra no solo lo que andaba buscando, sino también algo que no esperaba, algo que le hará volver una y otra vez.

Es la eterna lucha entre la vida que tenemos y las que quisieramos. Lo desconocido y prohibido contra lo habitual y familiar.
Puedes encontrar todo tipo de comentario sobre este cuento: no suele gustar a todo el mundo. A muchos les parece superficial, vacío e incluso decepcionante. Para otros es una historia apasionante, romántica y sensual.

Quizás la historia no sea lo que cuenta en Seda, quizás lo que le da fuerza, si no fuera suficiente el talento de Baricco, es la representación de los destinos de los personajes: el destino juega con nosotros y con nuestros deseos. El destino a veces misterioso, otras pícaro.
Existe un mensaje?
Supongo que, como siempre, el mensaje esté en cada lector: por eso no me atreví a ver la película que se hizo, inspirada en el cuento de Seda. La interpretaciones que damos a los libros, a menudo chocan con las versiones cinematográficas.

Quizás me quede con la imagen de Japón, como el lugar de los sueños, el lugar que saca a los hombres fuerzas que no pensaban tener, el lugar de la vida y el país de una gran historia, preciosa como la seda.

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Este verano he estado viajando hacia Italia de una forma algo diferente: en lugar de subirme a un avión en Madrid y dejar que fueran a buscarme al aeropuerto de Bolonia o Venecia, he preferido organizar una ruta en coche y disfrutar de la carretera.

Mirar desde la ventanilla, ver pasar los kilómetros debajo de tí: no hay comparación.

Aunque a la ida el clima no nos haya acompañado demasiado, el viaje ha sido una suma de descubrimientos: no me refiero solo a paisajes, pueblos, idoma y gastronomía. Viajar te permite descubrir también cosas de ti mismo que todavía no sabías, y facetas de tus acompañantes (positivas y negativas): es una forma más de convivir.

No voy a contar aquí la ruta, ni daré sugerencias sobre lo que habría que ver en el camino entre Madrid y Ferrara. Solo me gustaría recoradr algunos rincones que me han robado el corazón…a veces han sido espacios muy grandes, o pueblos enteros. Otras veces han sido pequeños mundos dentro de otros más grandes o, incluso esquinas, imágenes que he robado en alguna foto, contrastes de colores.

 

Comenzaré con un lugar que descubrimos ya en la ruta de vuelta. Nada más cruzar el paso de Monginevro (entre Italia y Francia), paramos a visitar Briançon: se nos escapó a la ida, porque nos habíamos retrasado en Savines-le-lac (otra joya) y no teníamos pensado pasar de largo en esta ocasión.

Una idea muy acertada, desde luego.

Briançon es la segunda ciudad más alta de Europa (1.350 metros) y se divide en dos partes: la ciudad fortificada y la parte más moderna, repleta de Hoteles de la estación de esquí.

Estuvimos visitando solo la primera y ha sido toda una sorpresa: he colgado aquí algunas fotos. Las pequeñas tiendas son las que más me llamaron la atención…y una entre todas.

Se trata de una tienda de juguetes ‘Jouons au bois’. Entras y es como volver a otra época, cuando los juguetes eran principalmente de madera y pocos materiales más. Es la tienda perfecta para ese lugar tan especial.

 

No pude evitar comprar algunas cosas y eso me dió la oportunidad de charlar con la dueña (Briançon queda tan cerca de Italia y recibe tantos turistas italianos, que casi todo el mundo allí es capaz de conversar en italiano):
casi todos los productos son de producción local y los que no lo son, los compra a empresas de Tailandia que participan en proyectos de ayuda. Me explica que hay empresa que invierten un porcentaje de lo que ganan de la venta de juguetes en escuelas para los hijos de sus empleados.

Cuando llega el momento de pagar, me dice que no tiene bolsas de plástico ni de papel: solo puedo comprar una bolsa de tela si lo quiero. En esa tienda no venden ni utilizan ningún producto que sea de uso único, es decir solo venden objetos que se puedan volver a utilizar muchas veces. Mis compras me las llevé envueltas en papel reciclado.

Reconozco que esa visita a un pueblo perdido en los Alpes, me hizo reflexionar mucho sobre lo que cada uno podemos hacer para mejorar la relación que tenemos con nuestro planeta. A veces son pequeños gestos, que no nos suponen demasiado esfuerzo. En otros casos pueden convertirse en una filosofía de vida.

“Es una cuestión de disciplina, – me decía más tarde el principito -. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta.” (Cap. V)

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Tres volcanes (dos de ellos activos y uno no) y una rosa.

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